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En la oscuridad, los colores de la piel son uno solo. Pero las densas tinieblas que bañan de misterio y lujuria los barrios de La Habana tienen una utilidad enorme para decenas de mujeres que devengan el sustento diario de los servicios sexuales que les prestan a propios y extraños.

Encontrar una chica de rítmico andar, escasa de ropas y con pintura barata en el rostro es casi una constante para aquel que decide sumergirse en el bajo mundo de una urbe en la que 20 CUC, adquiridos de cualquier manera, determinan el sostén de un hogar. El sector social no importa. Las de Playa y las de La Cuevita son cubanas que viven un mismo drama; hijas de una misma desgracia llamada comunismo.

Cree que su padre era un jamaiquino que se esfumó como el humo de los tabacos. La historia de Mary es un drama de principio a fin. Nació y creció sin un padre, su madre era una costurera con problemas de alcoholismo y un tío le quitó la virginidad a los 13 años. A los 17 se lanzó a las calles del Vedado y desde entonces no conoce otra vida que no sea la que vive entre hombres que le prometen el cielo y la tierra, pero que a la postre solo le pagan por un momento de pasión.

La tiniebla de la noche es su mejor compañera. La joven no tiene recato alguno para satisfacer las necesidades de sus clientes permanentes y ocasionales en el portal de una casa, dentro de un vehículo en una calle oscura o en el mejor de los hoteles. Como muchas cosas en Cuba , la oscuridad tiene una justificación. Así les dicen para diferenciarlas de las jineteras que, en Cuba, para algunos son una especie superior.

Tacones, ropas ajustadas al cuerpo, prendas y perfumes de marcas o de imitación, las jineteras hallan sus clientes en los lugares frecuentados por turistas y gente con dinero.

Los centros de las ciudades y las avenidas principales son sus emplazamientos preferidos. Sus modos de vestir, el supuesto glamour de algunas, la extravagancia de la mayoría, son imitados incluso por menores de quince años para nada vinculadas al oficio. Solo son muchachas deslumbradas que imitan la apariencia de esas mujeres a las que el sexo les ha dado cierto estatus económico, muy por encima del de un médico o un ingeniero.

Cuando a algunas niñas se les pregunta qué sueñan ser cuando crezcan, no es infrecuente escuchar que desearían casarse con un extranjero. Estas son de un rango intermedio y no visten nada bien, no tienen con qué hacerlo, y se les paga en moneda nacional y se duerme con ellas solo en cuchitriles. Cuando uno viaja por la Autopista Nacional o por las Ocho Vías, sobre todo por las mañanas y las tardes, uno puede ver a las chupachupas.

Nadie que no busque lo que ofertan las chupachupas se detiene a recogerlas. La gente las mira y escupe. Les gritan cosas y ellas devuelven los insultos con gestos obscenos. Visten muy mal, huelen peor y sus cuerpos, ya no tan jóvenes, lucen las marcas de una vida horripilante. Dicen algunos que todas han llegado de pueblos recónditos de la zona oriental de Cuba, o que son ex presidiarias, indeseables, que viven y duermen donde pueden. Sus clientes principales son los camioneros que llevan cargas de un extremo al otro de la isla o los obreros que pasan largas jornadas fuera de casa, en los campamentos que se alzan a los lados de la carretera.

En el centro de la ciudad, las jineteras bajan y suben de los autos de alquiler. Pasean bajo la mirada de la gente que celebra sus triunfos en las vestiduras que exhiben, en los billetes con que pagan su virtud. Disfrutan de los hoteles y centros comerciales a donde pocos podemos entrar. Bañan sus cuerpos con perfumes y disimulan las marcas de los excesos de una noche con maquillaje de Maybelline o de Helena Rubinstein.

Ese es el día a día de sus cuerpos en venta y suelen soñar con hacer sus vidas en Miami, París o Madrid. Mientras tanto, en los suburbios de La Habana, las especies inferiores bajan y suben de los camiones. Caminan bajo el sol ardiente, les hacen señas desesperadas a los autos, se adentran peligrosamente en los matorrales, lavan sus cuerpos con el agua de los pomos que guardan en las mochilas.

Esa es la rutina del oficio. También los golpes, los abusos de todo tipo, el abandono sempiterno, el hambre y la sangre y el polvo mezclados sobre la piel hasta que una noche les llega la muerte en un paraje solitario.

En sus vidas no hay sueños, solo una carretera que atraviesa el país, tan dolorosa como una espada, y donde a veces la suerte es alguien que se detiene. Bueno Eduardo, pero ese estilo abunda muchísimo en el periodismo cubano. Hay algo en este articulo que huele mal; hay cierta apologia a la prostitucion que choca.

La prostitucion en Cuba tiene sus razones mas en la desmoralizacion que en las carencias. Algo parecido pasa con robar ; despues que roban los ves con tres articulos de primera necesidad de 18 kilates enganchados en el cuello.

Falta de expresion y libertades es una cosa y el exceso de expresion corporal es otra. Como comparto lo que dices en este artículo. Yo también conozco Cuba y sé que para lo necesario si hay y me gustaría que los cubanos nunca perdieran sus valores ni su dignidad; las joyas, un móvil nuevo y caro, las ropas de marca no aportan nada, no son necesarios. Demasiado tarde Maria, no se puede ser ilusos, ya los valores y la dignidad se perdieron en Cuba.

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Cuba prostitutas prostitutas de calle Para nadie es secreto, y menos para las autoridades, que el comercio sexual genera una cadena de negocios ilegales que van desde el alquiler clandestino, la venta y consumo de drogas, el estupro y actos de violencia contra jóvenes que buscan cómo sobrevivir al fracaso revolucionario. Pero, de igual forma, tiene la imagen de ser un país en donde muchos turistas vienen a buscar momentos de aventura con bellas mujeres que venden sus cuerpos por pocos pesos, en medio de esa oscuridad que el Gobierno garantiza. Muchos de ellos simplemente habilitaban una sección para las noches donde hubiera una barra. Algo parecido pasa con robar ; despues que roban los ves con tres articulos de primera necesidad de 18 kilates enganchados en el cuello. Desde los 90 el Gobierno admitió las primeras formas de pequeña propiedad privada en Cuba, pero no hubo una imantación como la decuba prostitutas prostitutas de calle fueron ampliadas las categorías de las licencias a Igual, La Habana porcentaje hombres prostitutas prostitutas buenisimas llenó de neones. Y el ligero olor del dinero lo rubrica si alguna parte vacila.
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Y las muchachas traen clientes, por lo general, con dinero". Así les dicen para diferenciarlas de las jineteras que, en Cuba, para algunos son una especie superior. Cuando se practicaba el acto sexual en piezas con tan poca intimidad, se escuchaban los quejidos emitidos por las prostitutas, generalmente de manera fingida, y de sus acompañantes, lo que contribuía a excitar a las parejas vecinas. Respuesta Celine lastimosamente en muchas partes del mundo hay formas muy dolorosas de prostitución, violencia contra la mujer, incluso esclavitud moderna. Comentarios [ 30 ]. Muy bueno eso, mongo.

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Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: Con reguetón de fondo y una luz tenue se acerca a Claudia una joven. Sus modos de vestir, el supuesto glamour de algunas, la extravagancia de la mayoría, son imitados incluso por menores de quince años para nada vinculadas al oficio. Incluso webs y aplicaciones móviles como "A la mesa" promocionaban conocidos negocios registrados bajo la licencia de restaurantes en la categoría de "bares". Reside en Centro Habana.


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